domingo, 15 de abril de 2012

Articulo de Américo Martín, cortesía TAL CUAL


Fin de semana

DESDE EL PRINCIPIO 

El retorno de los brujos


AMÉRICO MARTÍN

" Sartre: ­¿Pero realmente usted cree que Trotsky es agente de la CIA? Garaudy:Objetivamente lo es porque va contra la Unión Soviética" Sartre, Situations
ÂARCHIVO
Mi amigo y antiguo compañero de trajines políticos Rigoberto Lanz pelea en El Nacional con conceptos que nos devuelven a un remoto pasado, cosa extraña en él, que con probidad explora como pocos el mundo de lo postmoderno.

Siento que su explicación sobre lo que sea la derecha y su aplicación a la brava a las varias corrientes de quienes adversan al gobierno, nos retrotrae a debates cansinos que ya no se dan sino en algunos templos inmunes a las polémicas de los siglos XX y XXI.

¿Cuál es el Código que se usa para asignar la condición de "izquierda" a ciertos grupos, negándosela a otros que tienen la misma pretensión? Se supone que en alguien cercano al gobierno sería el juicio de valor sobre el proceso oficialista. En este orden de ideas parece que ser de izquierda implica acompañar al gobierno del presidente Chávez, aun guardando diferencias como las que en varias ocasiones han expuesto Rigoberto y otros intelectuales cercanos.

Tal alineamiento debe resultar cómodo puesto que llevó al patíbulo o a la humillación a cientos de miles de probados bolcheviques. Discrepar de Stalin bastó para que fueran pulverizados bajo la acusación de agentes de la CIA, incluidos Trotsky y Bujarin, los dos más esclarecidos compañeros de Lenin. Cuando se apela ahora al mismo expediente sin mostrar documentos capturados a la conspiración, no puedo menos que recordar lo que en el pasado resultó de semejantes costumbres.

Claro que hay diferencias, incluso muy importantes entre tendencias de lo que Diosdado llama "derecha", mismo calificativo usado contra él en su propio partido. Pero como ocurriera en otros momentos de la historia ­la Junta Patriótica, por mencionar sólo ese­ para vencer a la autocracia se formaron coaliciones muy amplias que iban desde los comunistas hasta grandes empresarios privados. "Desde La Charneca hasta el Country Club", estampóTribuna Popular en un titular de portada. Desde Gustavo, Pompeyo y Guillermo García Ponce hasta Eugenio Mendoza, Lamberti y Cervini. Si los comunistas hubieran torpedeado con éxito ese amplio diapasón unitario, Pérez Jiménez tal vez se hubiese perpetuado en el poder.

Más útil sería responder a otra cuestión: ¿califica como izquierdista el gobierno de Chávez? Más allá de cómo se viera cada uno a sí mismo, en los años 60 se pensaba que someterse a inversiones directas transnacionales (ahora se agregan las chinas) mantener relaciones de intercambio regresivas, destruir las empresas básicas y doblegar a PDVSA, construir una economía de puertos y engrillarla a una deuda externa agobiante, serían signos de rancio derechismo. Una revolución que lejos de desarrollar fuerzas productivas las estrangula para vivir de importaciones no calza en la definición que de revolución diera Marx en el Prefacio de la Crítica de la Economía Política.

Cuando se refieren a la "ultraderecha-fascista, asociada-a-la-CIA-en-la-desestabilización", no presentan pruebas documentales, testimoniales o grabaciones que pudieran fundamentar sus sospechas. Hemos de creer sólo en su palabra. Ni los expertos en inteligencia de la Isla les han suministrado algo en que apoyarse. En cambio, las actividades violentas de los célebres colectivos, las quemazones ­esas sí fascistas­ del patrimonio universitario, los sicarios que matan líderes sindicales disidentes, etc, están a la vista del mundo.

¿No mostrarían una mínima sindéresis si los desarmaran? ¿Quién lo haría? ¿Acaso el general Rangel Silva? Precisamente por reconocer las significativas diferencias entre corrientes opositoras se organizaron con alto grado de perfección las primarias donde sufragaron más de 3 millones de almas. No hubo dedos providenciales, todo emanó del voto. Y aun así menudean los dardos venenosos. Estas diferencias prueban la condición democrática y plural y su compromiso con la vía pacífico-electoral, de la disidencia venezolana.

El gobierno polariza artificialmente el país y se atrinchera en lo que llama izquierda, universo al que sólo ingresa quien se ponga de su lado. El problema es que muchos, en Venezuela y en el extranjero, se arrogan esa bandería sin entrar en semejante zapato chino. Rousseff, Humala, Mujica o Leonel se declaran de izquierda pero sus gestiones difieren radicalmente de la de Chávez, con resultados muy superiores. ¿Quién es más independiente, Perú, Brasil, Chile, Colombia, cuyas fuerzas productivas permiten exportar productos de alto valor agregado, o Venezuela, de vuelta a las ominosas monoproducción, monoexportación y pluri-importación? No niego validez a la pareja conceptual izquierda-derecha, mas no suelo usarla porque el manoseo oportunista la ha desdorado. Diosdado se piensa de izquierda, pero en el PSUV cientos lo consideran líder de la derecha endógena. Rigoberto sabe que la izquierda está sometida al vértigo de los círculos concéntricos. A todo izquierdista le sale otro más radical, que lo ubica en la derecha. Y a éste otro más, en una espiral descendente sin fin. ¿A quién otorgarle la representación oficial? El Presidente basa su sueño de perpetuidad ya no en disquisiciones teóricas, sino en un autobombo desopilante, narciso y pasional. Puso a orar a rudos marxistaleninistas y quiere apropiarse del manso pastor de Galilea aunque sus títulos sean solapados por la Cruz del Señor. Ya no habla de Lenin o Marx. Prefiere declararse más cristiano que Cristo.

¿Y sus seguidores? Rezando con mirada lánguida el Yo Pecador, algunos todavía con pólvora en el saco y cicatrices guerreras en la piel. 

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