martes, 1 de mayo de 2012

CORTESÍA TALCUAL.


Economía

EL GOBIERNO EN MATERIA LABORAL ESTÁ LEGISLANDO PARA EL PASADO

Nueva Ley del Trabajo: serias implicaciones

El mercado más importante es el informal y una Ley originada en la anterior los deja por fuera

De nada valdrá la reforma si las inversiones y la actividad económica no son estimuladas 


MAXIM ROSS Especial para Tal Cual




La promulgación de una nueva Ley del Trabajo ha abierto un debate centrado en dos grandes temas, la reforma de las condiciones previas que rigen las relaciones laborales, esto es, la reducción de la jornada de trabajo, el aumento de los días de vacaciones o de antigüedad, el reconocimiento del tipo de prestaciones, etc., etc., lo que conforma su parte reivindicativa y, por otra parte, la pertinencia de que sea promulgada mediante la Ley Habilitante y sin participación de la Asamblea Nacional, según lo previsto en la disposición transitoria de la Constitución de 1999. No voy a entrar en estos dos temas y sí me quiero referir a otros interrogantes de implicaciones más profundas y que van más allá de lo que se está discutiendo.

LEGISLANDO PARA EL PASADO El formato reivindicativo de la nueva Ley, como es obvio, se basa en la filosofía política de este gobierno que se encuadra en el asunto de las "relaciones sociales de producción", cual es el fundamento de su crítica al capitalismo que vivió Marx por allá por los mediados de 1800, cuando el trabajo era el sujeto principal de la era industrial que recién se iniciaba y que fue objeto de las más severas críticas de su tiempo y que, inclusive, capturó el lápiz y la imaginación de grandes novelistas, entre ellos, Dickens, quienes narraron el horror, la humillación y, desde luego, la explotación que sufrieron hombres, mujeres y niños en esa época, pero lo cierto es que esos tiempos no son los de hoy y cualquier política reivindicativa que provenga de ese enfoque y crea resolverlo estaría completamente desfasada.

LOS MERCADOS LABORALES HOY DÍA Si se repasa lo sucedido en los mercados laborales en los dos últimos siglos encontraríamos profundas diferencias con los que existieron en aquella sórdida época en la que el industrialismo se instalaba en la sociedad y todavía la máquina, la técnica y la tecnología no habían asomado su inmenso potencial y tampoco se había manifestado el tremendo impacto que tuvo y está teniendo la revolución educativa y comunicacional que se produjo simultáneamente y que ha transformado radicalmente el mercado donde se realizan las labores humanas.

Lo cierto es que hoy día predomina el trabajo intelectual sobre el manual, una gran disparidad en la remuneración de distintos tipos de trabajo, las diferencias geográficas, la presencia de la mujer en todas las esferas del trabajo y, en fin, un cambio tan radical que en nada se asemeja al presente laboral.

Más todavía, es perfectamente comprobable que las condiciones de trabajo, los salarios, los beneficios asociados a ellos y el entorno laboral mejoren más en aquellos países donde la punta de lanza es la inversión innovadora y la productividad y no donde las reformas laborales son legalistas y hacen más rígidos los mercados.

¿PARA QUIÉN SE LEGISLA EN VENEZUELA? Tomando en cuenta las dos consideraciones anteriores hagamos un breve repaso de cómo está conformado el mercado laboral venezolano y contrastemos esos datos con la legislación que se propone (Ver cuadro). Tal como hemos repetido, una y mil veces, el caso venezolano tiene peculiaridades que deberían tomarse en cuenta a la hora de legislar, porque, primero y principal el mercado más importante es el informal, con lo cual una legislación originada en la Ley anterior los deja por fuera. Con razón se apuraron a incluirlos en la ya precaria Seguridad Social del IVSS.

El segundo componente es el empleo formal privado, el cual debe ser el primer objetivo de la Ley y así lo es, pero resulta que aquel enfoque reivindicativo es insuficiente si no va acompañado de los incentivos económicos señalados anteriormente. De nada valdrá la reforma si esta condición no se cumple y las inversiones y la actividad económica no son estimuladas. Se corre el riesgo de que sus efectos los absorba la inflación y un crecimiento muy moderado o contracciones en las actividades económicas.

Finalmente, 2,5 millones de empleados públicos pueden ser los directamente beneficiados, con un obvio impacto político y electoral, pero con un aumento relevante del déficit fiscal y del endeudamiento público, costos que pagarán el resto de los venezolanos en las próximas generaciones. Por esta razón digo que el tema se nos va para ¡más allá! 
1 Al cierre de 2011 el déficit fiscal fue de 11% del PIB, según el Ministerio de Finanzas

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