miércoles, 14 de octubre de 2015

Richard Casanova

UNA PERSECUCION INUTIL
Por Richard Casanova (*)

Muy pocos reconocen al Teniente Diosdado Cabello como Capitán, una condición mal habida e ilegalmente adquirida luego de ser dado de baja por su participación en un sangriento Golpe de Estado. Esa condición truculenta de Capitán -mal habida, insisto- habla mucho de la contextura moral de este oscuro personaje que se ha dedicado a hostigar medios y perseguir a sus editores, en vez de promover y facilitar una investigación transparente sobre su presunta participación en el llamado Cartel de los Soles.  No tenemos que creer esa supuesta vinculación pero tenemos derecho a exigir al presidente del parlamento –nuestro empleado- lo conducente para despejar toda duda, las cuales no se disipan con sus bravuconadas y constantes amenazas, al contrario.
Para “enfrentar” los señalamientos, al Teniente golpista no se le ocurrió mejor idea que perseguir a Alberto Federico Ravell, Miguel Henrique Otero y Teodoro Petkoff.  A propósito de esta cacería, Alberto Federico recordaba que a su padre "lo persiguieron y encarcelaron Gómez, Pérez Jiménez y Pedro Estrada. Pasó 15 años preso con grillos en el Castillo de Puerto Cabello y 10 años exiliado en Cuba y Trinidad. Nunca bajo la cabeza". Y termina este mensaje a sus amigos advirtiendo que "La Patilla no está en venta, ni cambiará su línea editorial". Sin duda, heredó la valentía de su padre.  
El otro perseguido es hijo de Miguel Otero Silva, ilustre escritor, humorista, periodista, ingeniero y político de izquierda -de la verdadera izquierda- no de ésta ultrajada por el poder cubano. Fue militante del PCV, de aquel viejo partido que sentía repugnancia por el militarismo y la corrupción, no de éste que traicionó el legado de Gustavo Machado. Y como miembro de la Generación del 28, Miguel Otero Silva desafió valientemente a la dictadura del General Gómez. De manera que hoy El Nacional es más que un periódico, es parte de nuestra historia democrática, es un activo de la sociedad venezolana que la intolerancia pretende demoler.  La otra víctima es Teodoro Petkoff, un ícono de la izquierda democrática que se convirtió en una referencia internacional cuando cuestionó la invasión a Checoslovaquia y al modelo soviético, abandonó la lucha armada, alzó su voz contra el autoritarismo y la represión, rompió con los dogmas del comunismo y abrazó con pasión la causa democrática.  El país valora la fortaleza moral y la honestidad personal e intelectual de Teodoro, algo que su acosador jamás podrá mostrar.  Sus amigos, los que militamos muchos años con él, sabemos bien que tampoco bajará la cabeza, jamás le doblarán las rodillas. Así las cosas, este acoso judicial será inútil: no cambiará la línea editorial de los medios, ni logrará quebrar el espíritu democrático del país. Esta persecución contra Alberto Federico, Miguel Henrique y Teodoro sólo evidencia la cobardía y el talante autocrático de un régimen decadente; muestra al mundo la ausencia de autonomía de los Poderes Públicos y las carencias de la democracia; el abuso de poder y el inocultable rasgo militarista de la "revolución bolivariana".  Y lo mejor, las tropelías del Teniente Cabello despiertan la conciencia y reafirman la imperiosa necesidad de un cambio en Venezuela.  

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