POLÍTICA
Miércoles 29 de Enero de 2014
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TalCual


Política

JOSÉ VIRTUOSO, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO

"Buscar una pronta salida de Maduro no nos ayuda"

Considera que las organizaciones de la oposición tienen que escuchar y trabajar con sus bases

Propone que el cónclave del antichavismo realice una constituyente interna para lograr un proyecto político común 


JESENIA FREITEZ GUEDEZ 


Virtuoso: Hay que ampliar mucho más la discusión
El gran reto de la Mesa de la Unidad Democrática en 2014 será abrir más el diálogo interno y armar un proyecto político que les dé más identidad y más proyección a largo plazo. Así lo cree el padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, quien valora de manera positiva los acercamientos entre los líderes de oposición y el Gobierno. Además, considera que la Unidad debe dejar de ser solo un sentimiento de oposición al Gobierno y comenzar a ser un foro que incluya a quienes, pese a disentir de la revolución, no se sienten identificados con los principales partidos que integran la plataforma.

Virtuoso, quien integró el grupo de veedores Ojo Electoral que se formó en 2004 previo al referendo revocatorio de Hugo Chávez, considera que hay que pasar la página con respecto al tema de la legitimidad del presidente Nicolás Maduro y que no es el momento de buscarle una salida a su gestión. En cambio, apuesta por "una forma de hacer oposición real, contundente, con unos métodos civilizados". El año pasado, previo a los comicios municipales, escribió en la prensa sobre la necesidad que tenía la MUD de iniciar un proceso de cambio, lo que denominó una constituyente interna.

¿Qué significa una Constituyente en la MUD? ­Uso la imagen de la Constituyente de forma metafórica, tomando la idea de que se dé el espacio para acordar, no solo debatir, sino acordar mediante los métodos de deliberación y de consenso con todos los sectores sociales, de buscar cuál es el programa que le dé contenido a la Unidad. En este momento la Unidad dentro de la oposición tiene que ver más con ese sentimiento de oposición y con la búsqueda de una alternativa para sustituir representantes en el poder, pero yo creo que todavía se adolece de un programa, consensuado, acordado y de las estrategias para llevar a cabo ese programa, ese es un debate que tienen que hacer los partidos conjuntamente con sus bases y con otros sectores de la sociedad que también se dicen de oposición, pero no necesariamente militan dentro de una organización política.

¿Cómo ve el papel de la MUD en 2014? ­Creo que la MUD, desde su creación hasta la fecha, ha sido una gran plataforma electoral para los partidos de oposición y ha coordinado tanto el proceso de selección de candidaturas como los criterios de organización de las mismas.

Ahora creo que necesariamente tiene que jugar otro papel, porque las próximas elecciones serán a finales del año 2015. Hay un largo período en el cual la MUD quizás pudiera ser una gran instancia de diálogo dentro de los mismos partidos, es decir, coordinadora del debate de propuestas, de ideas, una instancia donde se pueda llegar a acuerdos programáticos en las toldas, es decir, una instancia para coordinar estrategias, precisamente porque no tiene en este momento que jugar el papel de coordinadora electoral.

¿En qué ayudaría ese programa a los miembros de la MUD? ­En el marco de que sea un programa y unas estrategias que apliquen los diversos partidos, es complicado porque no es el programa de una tolda, sino de un gran movimiento de oposición, ayudaría entre otras cosas a que no solamente se hable de "la oposición" como el otro polo, sino que se hable de una fuerza política muy definida con unas propuestas y con unos métodos. Que se hable de un proyecto alternativo, claramente identificado, no solamente de la oposición al chavismo sino un proyecto que tiene claramente definido una cara propia, un programa y una estrategia.

Pero la MUD ha presentado programas de Gobierno ¿En qué se diferencia este proyecto que usted propone? ­Los programas de gobierno son muy puntuales, destinados a generar una serie de políticas públicas que se tienen que hacer desde el Ejecutivo. En cambio, un proyecto político es algo más amplio, es en qué modelo social, económico y político nos ubicamos.

¿Podría tener carga ideológica? ­Claro. Yo creo que esa es parte de la discusión de un proyecto político. En qué ideología se inscribe, en qué gran marco de comprensión, cuál es la narrativa y el discurso con el que se describen sus grandes horizontes y sus grandes perspectivas. Un proyecto político se plante sus horizontes a largo plazo, es algo que se proyecta para 20 años y se debe pensar cuáles son sus símbolos, cuáles son sus palabras claves, cuáles son sus figuras, cuáles son sus grandes utopías, cómo concibe el gobierno, cómo concibe el Estado referente a si se es Gobierno en un próximo período. En ese sentido el proyecto político es un gran marco y, como su nombre lo explica, es una proyección. Una mirada a mediano y largo plazo donde se prevé una serie de transformaciones, más global de lo que puede ser la adscripción a una ideología o a una nueva ideología.

¿Qué lectura le da a las diferencias dentro de la Unidad y cómo pueden enfrentarse? ­El que existan diferen

cias me parece muy bueno, además dentro de la oposición no puede ser de otra manera, porque no es un partido sino varios partidos de oposición, y existen personalidades, liderazgos distintos y organizaciones distintas, entonces, obviamente, tienen que haber diferencias. El tema es cuándo esas diferencias se convierten en fuerzas centrífugas y terminan evidentemente dispersándose del centro o cuando esas diferencias son fuerzas centrípetas, es decir, que manteniendo el movimiento y la dinámica de las diferencias, aun así tienden a nuclearse alrededor del centro. Entonces, cuando uno habla de un proyecto político debatido y acordado por todos estos sectores no es para eliminar las diferencias, es para que se establezca un marco donde las mismas tengan juego.

¿Cómo ve a las minorías? ­Dentro de lo que es ese proyecto alternativo, evidentemente que el liderazgo propiamente político lo tienen los partidos, pero hay otros movimientos, personas o grupos que no se identifican con el proyecto político dominante, que se sienten de oposición a él, que andan en búsqueda de un proyecto alternativo y que quieren encontrar también su lugar, su expresión y poder dar su palabra y articularse en un movimiento de este tipo y quizás no encuentran el lugar porque el espacio o el espectro fundamentalmente lo tienen los partidos.

¿Cómo puede hacer la Mesa para que el discurso sea coherente con la acción? ­La oposición tiene representantes parlamentarios, en las gobernaciones y en las alcaldías. Como la coherencia entre discurso y práctica tendría que empezar por validarse en el ejercicio de estos cargos, es decir, cómo nosotros demostramos que el discurso de la oposición es real y creíble, efectivamente apuntando a la solución de los problemas en los lugares donde han sido electos. Es decir, la representación electoral puede ser esgrimida y presentada como el mejor aval para la credibilidad y para fortalecer la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Un elemento fundamental es que la convocatoria y la credibilidad estén avaladas por ese ejercicio eficaz para la cual te eligieron.

¿Considera que es el momento de buscar una salida al Gobierno antes de que cumpla el período para el cual fue elegido? ­Creo que esa no es la lucha de este momento. Hemos pasado por dos procesos electorales, venimos de una contienda comicial y de un proceso político que arranca con la muerte del expresidente Hugo Chávez y termina el 8 de diciembre.

Ahí hubo un ciclo de legitimación de Nicolás Maduro como presidente. Cuando digo un ciclo, no solamente estamos hablando de dos procesos electorales, sino de una confrontación, de una discusión pública donde se comenzó por cuestionar si Maduro había ganado la presidencia por los métodos adecuados. Hubo reclamos de reconteo de votos, hubo pugnacidad, conflicto y se fueron desarrollando toda una serie de hechos que terminaron el 8D.

Me parece que seguir ahondando en esa discusión para la oposición no tiene sentido, seguir discutiendo en este momento sobre ese proceso me parece que es no reconocer lo que ha sido la zozobra de la sociedad venezolana y el conflicto a lo largo de estos meses. Efectivamente, se dio un proceso que ha tenido sus momentos de validación electoral, el último proceso a mi manera de ver fue una validación de qué es lo que lo que la sociedad venezolana quería o no, de hecho la contienda fue planteada explícitamente por el gobernador Henrique Capriles como un plebiscito, el Gobierno también lo asumió así, y ese plebiscito tuvo triunfadores y perdedores. Entonces me parece que seguir en eso no nos ayuda para nada.

Entonces, ¿cuál es el próximo paso? ­Creo que el país entró en una nueva etapa en la que hay una serie de problemas de gobernabilidad que el Gobierno, encabezado por Maduro, tendrá que enfrentar. A la oposición creo que le tocan tres tareas fundamentales: en primer lugar, aprovechar este tiempo para consensuar y construir su proyecto político, para hacer su constituyente interna. En segundo lugar, para fortalecer también sus estrategias, sus tácticas, sus mecanismos para hacer oposición, para movilizar, para vincularse a las demandas sociales y para hacer oposición que le permita acumular fuerza y presencia en la sociedad venezolana. El tercer paso tiene que ver con hacer oposición, sobran elementos dentro de la problemática venezolana para asumir unos frentes concretos de oposición frente a las políticas y sociales. Entendiendo que hacer oposición tampoco significa una crispación en el enfrentamiento, de tal manera que impida todo tipo de diálogo y todo tipo de acercamiento, es decir, para mí fue una señal importante, lo que uno desearía que fuera el futuro civilizado de este país, la reunión que tuvo Maduro con los alcaldes recién electos en diciembre.

Yo no vi allí a unos alcaldes sumisos con la cabeza debajo de la mesa, diciendo "Sí señor presidente". Vi a unos alcaldes parados frente al presidente diciendo sus malestares, sus críticas, es decir, eran alcaldes de oposición. Tampoco vi al gobierno queriéndose ganar a los alcaldes haciéndose el simpático, el Gobierno dijo las cosas tal como las pensaba. Entonces creo que tenemos que ir a una forma de hacer oposición real, contundente, directa. Ojala, siempre que eso sea posible (no siempre es posible) por unos métodos civilizados y que no lleven a la crispación total.

¿Cómo ve los cambios estructurales de la MUD? ¿Es necesaria unareforma? ­Efectivamente, la MUD es hoy por hoy un foro, un espacio de los partidos políticos de oposición, y evidentemente en ella tienen más peso los partidos que tienen mayor votación que los que tienen menos votación. Tienen en la figura de Ramón Guillermo Aveledo una suerte de gran coordinador de ese foro. Probablemente eso tendrá que seguir siendo así. El tema es que para dar un debate de este tipo hay que ampliar mucho más la discusión en los espa- cios, creo que habrá que crear alguna instancia de movimiento social, algunos congresos generales de discusión.

Pienso que esa mesa puede llamar a un gran congreso representativo de tendencias, de movimiento, de la base de los partidos. La MUD tiene que seguir funcionando como lo ha ido haciendo, pero evidentemente que para llevar adelante un proceso de este tipo tendrían que crearse unas instancias particulares.

¿Cómo ve el papel de los estudiantes actualmente? ¿Considera que están adormecidos en este momento político? ­Me parece que los estudiantes universitarios en sus distintos espacios están muy activos y muy pensantes. Creo que hay un error en pensar que los jóvenes, por su dinamismo y energía, son los que tienen que llevar el protagonismo de la oposición en la calle. En los estudiantes tenemos tendencias de todo tipo. Considero además que dentro del proceso estudiantil, en las propuestas de los estudiantes se están manejando distintas posiciones: hay sectores que prevén una vinculación mayor con las demandas sociales, otros con los partidos políticos, hay diversas posiciones acerca de dónde conviene dar la lucha, lo que ciertamente creo es que están activos como muchos sectores pensando y analizando cuaáes son las mejores formas de expresión.

¿Cómo evalúa el papel de la Iglesia Católica en los últimos días? ­Se ha jugado un papel protagónico muy importante, la Iglesia Católica, más allá de las críticas, es un actor altamente valorado. La Iglesia ha jugado, en estas circunstancias en donde los espacios de encuentro están tan deteriorados, un gran papel. La voz de la Iglesia está presente tratando de indicar un camino sensato.

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