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“La mentalidad consumista está más presente que nunca”

“Es la trampa del paternalismo, es intentar mejorar el nivel de vida de las personas a través de regalos y no del trabajo productivo”,
“Es la trampa del paternalismo, es intentar mejorar el nivel de vida de las personas a través de regalos y no del trabajo productivo”,
El sacerdote que durante 48 años ha promovido la organización popular en Venezuela advierte que los compradores compulsivos sufrirán las estrecheces por venir, y que los controles de precios impuestos por el Ejecutivo no garantizan la reactivación de la economía
El sacerdote Armando Janssens cumplió 80 años de edad el 6 de noviembre, 48 de los cuales han trascurrido en Venezuela. Los celebró con una reunión de amigos en la sede del Centro al Servicio de la Acción Popular (Cesap), la institución que fundó en 1974 en los barrios de Catia para promover la organización de los sectores populares y que constituye un modelo de participación que se multiplicado por todo el país. De su origen belga apenas le queda el acento extranjero. Vive en el sector Andrés Eloy Blanco de El Observatorio, en el 23 de Enero, y cree conocer a “nuestra gente”, pero admite estar sorprendido por el desbordamiento de emociones que han causado la rebaja de precios impuesta por el gobierno. Sus convicciones cristianas le impiden perder la esperanza, sin embargo no ve salidas institucionales a corto plazo y teme tiempos peores.
—¿Cómo explica lo que ocurre en el país?
—Yo estoy confundido por la contradicción de las señales que se manifiestan. En los últimos días, con las compras compulsivas, redescubro un aspecto de los venezolanos que ha adquirido proporciones sorprendentes. Me preocupa que, al fin y al cabo, la mentalidad consumista que supuestamente íbamos a superar sigue más presente que nunca en nuestra gente.
En los barrios hay gente de todo tipo. A pesar de cierto fanatismo, en general se aspira a una mayor calidad de vida, y se mira a los sectores medios de la sociedad como un estadio superior. El mayor deseo de nuestra gente en los barrios es disfrutar de más comodidades y convertirse en clase media. Se tiene la idea de que eso se logra adquiriendo cosas. Hace ya varios años, en mi barrio vi un televisor pantalla plana que ocupaba casi toda la sala de una vivienda. Hoy en día, nuestra gente entiende que tiene una oportunidad y que es ahora o nunca, pues intuye que la economía empeorará. Incluso, frente al desamparo en que nos encontramos todos por el auge de la delincuencia, nuestra gente procura rodearse de elementos figurativos del confort, como los electrodomésticos.  
—¿En qué se parece y en qué se diferencia lo que ocurre en el país en la actualidad y lo que ocurrió en febrero y marzo de 1989?
—La diferencia es que en esta oportunidad hay una organización política, con la que podemos estar de acuerdo o no, que interviene para sacar provecho de la situación. En todos los barrios actúan los grupos vinculados al oficialismo que se han encargado de canalizar las expectativas de la gente en cuanto a adquirir bienes materiales. Para que el asunto no se les fuera de las manos, el gobierno ordenó la intervención de militares, fiscales y jueces en los sitios donde hubo hechos violentos y, más específicamente, saqueos. 
—¿Cómo interpreta usted el llamado del presidente Nicolás Maduro a vaciar los anaqueles?
—Fueron palabras imprudentes, inoportunas, que no debieron ser pronunciadas nunca. Lamentablemente, ese es el estilo chavista. Chávez tuvo la oportunidad única de crear un gobierno con la participación de todos los venezolanos, pero, desde el primer momento, promovió la confrontación y la división de la población entre buenos y malos, entre revolucionarios y escuálidos. Maduro ha contribuido a profundizar la polarización, que hoy en día es inherente al quehacer político e impregna todos los asuntos públicos. No veo voluntad, ni en el gobierno ni en la oposición, para superar la polarización. La violencia extrema que se cuenta por asesinatos a manos del hampa tiene mucho que ver con este discurso desmesurado. Se utiliza un lenguaje que apunta a sentimientos. Cuando la gente oye a líderes violentos justifica la violencia.
¿La polarización política tiene remedio?
—En principio, no hay callejón sin salida. Dentro de mi convicción cristiana, siempre albergo esperanza. Pero no veo salidas inmediatas. Reconozco y celebro las iniciativas de paz y buena convivencia de algunos sectores de la sociedad civil, pero no veo que ello tenga eco en el gobierno, que es el principal responsable de promover la concordia entre los venezolanos. Lo que priva es enfrentamiento y división. Creo que ello se ha extendido a la Fuerza Armada y ojalá no desemboque en salidas no institucionales.
 —¿Tiene datos confiables sobre división a lo interno de las FAN?
—Más que certeza, lo que tengo es intuición. En los momentos críticos los militares pueden caer en tentaciones.
—¿El gobierno es capaz de soportar el descontento por la agudización de problemas tan apremiantes como la inseguridad y la inflación?
—El juego de imponer rebajas de precios tiene su impacto. Para mucha gente es un logro tener un televisor, un microondas o una lavadora. El plan del gobierno funcionó, pero es pan para hoy y hambre para mañana. No hay que ser un especialista en economía para prever que con todos estos controles va a ser más difícil reactivar el aparato productivo del país y que los compradores compulsivos que gastaron sus utilidades en un televisor, un microondas o una lavadora, sufrirán las estrecheces por venir.
¿Cómo coexiste la promoción del hombre nuevo y el estímulo al consumismo?
—En la misa del domingo pasado estábamos reunidas unas 120 personas y hablamos de las compras compulsivas. Solamente 2 o 3 dijeron que habían hecho largas colas frente a las tiendas, lo cual indica que también hay mucha gente reflexiva que no cae en la trampa.
—¿Por qué dice que es una trampa?
—Porque se le confiere mayor valor al tener que al ser. Es la trampa del paternalismo, es intentar mejorar el nivel de vida de las personas a través de regalos y no del trabajo productivo. Si el gobierno no crea trabajo digno y productivo convierte a las personas en mendigos. El progreso de la gente está asociado al ser, no al tener. Y se trata de ser una persona digna, lo cual implica capacidad de emprendimiento, con creatividad, autonomía y compromiso social.
—¿La oferta gubernamental de sanear la economía a través de controles de precios es viable?
—En ninguna parte del mundo ha funcionado.  Yo conocí, en tiempos de guerra, una tendencia igual en Europa. Pero en aquella época como ahora surgen muchos caminitos verdes para evadir los controles. Los controles sanos son necesarios, pero lo que tenemos son controles mezclados con política e insulto que, en vez de conducir a mejoras, auspician salidas indeseadas.
—¿Qué significa que el presidente pida más poder y las instituciones se lo estén dando?
—Que el espacio de verdadera libertad se reduce cada vez más; que la seguridad jurídica cada vez es menor. Eso no puede ser. Deseamos una sociedad plural, no un convento político.
Asistencialismo y urgencia política
Esta semana el padre Janssens va a celebrar una misa en acción de gracias por el grado de bachiller que obtuvieron 13 jóvenes del barrio El Observatorio a través de la Misión Sucre.  
“Yo los felicito, pero sé que la mayoría no está capacitada para entrar a la universidad, pues en estos procesos educativos que fomenta el gobierno, la calidad no es prioritaria. Por lo general, estas misiones se desarrollan sin control y degeneran en ineficiencia y corrupción. Mercal, por ejemplo, es muy bueno, pero es indignante que sea utilizado para intentar tapar la boca de la gente y la realidad. Lo peor es que estos programas se han usado para comprar votos”.
Frente al asistencialismo gubernamental, Janssens propone la organización popular autónoma, fundamentada en las necesidades específicas de cada comunidad.
“Seriedad es una clave importante que, por ejemplo, nos ha servido en Bangente –un banco cofundado por Janssens hace 14 años– que mantiene 50.000 créditos a microempresarios de sectores populares y 0,6% de morosidad. En cambio, la gente no devuelve el dinero correspondiente a los créditos que otorga el Ejecutivo porque sabe que si no lo hace no sufrirá consecuencias. La urgencia política y las desviaciones vinculadas a la corrupción son determinantes”, afirma. El sacerdote precisa la característica que lo distancia del oficialismo: “Nosotros somos autónomos; somos propiedad de la gente y de nuestra propia reflexión”.

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